Les doy la bienvenida a mi sombra, situada tras el árbol. Se trata del mismo lugar en el que me refugiaba cuando era pequeño, a llorar, cuando estaba muy enfadado, o simplemente a escapar. Sitúense bajo el gran ramaje de una jacaranda, sitúense en mi propia cabeza. Esto no son más que impresiones que se han sucedido en mi cabeza a lo largo de los últimos tiempos. Por fin he decidido darles forma, color y un sitio dedicado a ellas, que iba siendo hora. Saludos!

domingo, 22 de agosto de 2010

ya... (escrito el 15 de Marzo)

Sabía que iba a ser duro, sabía que cada metro que me acercara a mi hogar dolería un poco más, pero jamás esperé que fuera a sentirme como ahora. Demasiada desolación en muy pocos metros cuadrados. Ya había estado en ese lugar, en varias ocasiones, pero nunca cada lágrima me había parecido tan real. Estar allí y verla ha sido como la sacudida definitiva que me mostraba que sí, que realmente ya no estaba, que lo impredecible se había cumplido, que el motivo del viaje era cierto... era lo que mi mente necesitaba para disipar la nube de confusión creada por el estado de shock producido por la noticia.
Pero no me siento mal, ni triste, ni decepcionado, quizás tal vez un poco frustrado e impotente, pero sé bien que era su momento, y no pudo ser mejor (yo lo firmaría....) Mis últimas palabras con ella no fueron trascendentes, ni especiales, ni bonitas, ni siquiera interesantes, pero eso no importa, porque estaba orgullosa de mí, siempre lo estuvo, me quería y yo a ella. Aunque no deja de ser curioso que no tuviera ningún motivo para llamarla, que era un día como otro cualquiera, que todo iba bien... la llamé, hablé con ella escasas horas antes de que decidiera marcharse, y eso me proporciona cierta paz interior... En realidad, toda la familia había hablado con ella, por una u otra razón, lo cual es un hecho también muy curioso... En mi humilde opinión, creo que era su momento de irse: donde quería y como quería...
Por otra parte, mi mente no para de reproducir muchos momentos de felicidad, y no tanta felicidad, que son grandes momentos en los que ella estuvo presente, y aunque con el tiempo las cosas se borran, lo bueno queda.
Me siento peor por el hecho de ver a verdaderos pilares de mi vida prácticamente deshechos por el agotamiento y la resignación. Esas lágrimas y llantos sí que han sido como verdaderas puñaladas en el corazón, cada una de ellas. Puede que no sea demasiado expresivo, que sea fuerte o parezca serlo en algunos momentos, pero lo cierto es que no puedes hacer otra cosa que cerrar los ojos, respirar hondo e intentar consolar lo inconsolable.
Todo acabó, y aunque no se lo dije nunca, siempre le agradeceré todo lo que humildemente me brindó, cuando estaba cerca y cuando no, porque su naturalidad, honestidad, humildad y sencillez me han dado muchísimo, y no puedo hacer otra cosa que agradecérselo el resto de mi vida. DEPA.