Bien, tras 7 meses de expedición, he de decir que la cosa ha tenido unos altibajos digamos que... impredecibles. "Uno no valora algo hasta que lo pierde", dicen algunos, pero, ¿qué pasa con aquellos que valoramos cada segundo de esta mísera vida que nos ha sido concedida? De repente, llega un pequeño bache que nos arreabata por momentos esa pasión por sentir la maldita brisa de una tarde de abril con 33ºC, sentir tu corazón latiendo a 120 pulsaciones por minuto mientras estás concentrado en pasar una jodida pelota amarilla al otro lado de la cancha, o sentir al levantarte a las 6 de la mañana una sensación de desazón sólo por el hecho de que tu subconsciente te ha jugado una mala pasada en uno de esos bellos sueños que en circunstancias normales nos harían vibrar cada mañana al despertar. ¿Qué pasa con nosotros? No pasa nada, sólo nos podemos limitar a seguir adelante, con la cabeza firme, el pecho hinchado, y con unas ganas de vivir que sean capaces de mover el Everest, porque de esto va la vida amigos, uno cae y se levanta, pero cada vez, caemos menos, y las caídas son más suaves, y todo porque estamos hechos para ser fuertes, y así ha de ser.
Hace un tiempo espléndido, por momentos parece que estoy en Las Palmas, sol, calorcito, tardes con un atardecer de un color mágico, que tanto adora mi padre, y el cual he logrado apreciar poco a poco gracias a su gran apego a la vida. El mismo apego que le tengo a esta carrera que me está enseñando tantas cosas, cosas increíbles, y sobre todo, que aporta unas respuestas a unas preguntas que llevan formulándose en mi espíritu mucho tiempo.
Existe un anuncio, de Vodafone, cuyo eslogan es: "Es tu momento, es Vodafone". Es cierto, éste es nuestro momento, millones y millones de años han pasado y pasarán, una cifra inimaginable para unos estúpidos seres humanos, pero maldita sea, ÉSTE, es nuestro puto momento, y hemos de saber aprovecharlo.