Les doy la bienvenida a mi sombra, situada tras el árbol. Se trata del mismo lugar en el que me refugiaba cuando era pequeño, a llorar, cuando estaba muy enfadado, o simplemente a escapar. Sitúense bajo el gran ramaje de una jacaranda, sitúense en mi propia cabeza. Esto no son más que impresiones que se han sucedido en mi cabeza a lo largo de los últimos tiempos. Por fin he decidido darles forma, color y un sitio dedicado a ellas, que iba siendo hora. Saludos!

domingo, 22 de agosto de 2010

Se ha ido un amigo... (escrito el 8 de Diciembre de 2009)

El hecho de estar lejos muchas veces te hace pensar en cosas que no desearías imaginar realmente, pero que no dejan de tener su parte de verdad. Cuando pasas mucho tiempo fuera de casa sientes que te estás perdiendo el desarrollo de muchas cosas que te gustaría estar viviendo y que sólo puedes contemplar desde la distancia, como un hermoso monumento color bronce en que te fijaste al pasar por delante un día, y que tras el paso del tiempo, contemplas como una amasijo de hierros oxidado y derruido.
Así me he sentido últimamente, habló diariamente con mi gente, estoy al tanto de todo lo que está pasando en el que es mi mundo real, y no dejo de tener la impresión, a pesar de todo, de que se me están escapando muchísimas cosas. No puedo decir que me encuentre mal porque me sienta solo, ni que sufro al estar tan lejos de los míos hasta límites exagerados, pero algunos latigazos de realidad me hacen comprender cuál es mi sitio, y cuál no... Hace semanas que no debería estar aquí, mucha gente me ha necesitado y no he podido siquiera darles un hombro en el que llorar, unos ojos en los que refugiarse, o una mano que estrechar... Me siento mal por ello. Sé que no es culpa mía, que no me queda otra, pero existe una gran desazón en mi interior, y de vez en cuando se manifiesta, dejándome nostálgico, melancólico y muy apagado. Maldita sea...
Se me ha ido mi niño... tras una vida entera llena de bonitos recuerdos y anécdotas. Está presente en mi memoria desde que tengo uso de razón, como una mancha negra con pecho y patitas blancas, con esa carita de inocencia permanente, que tantos grandes momentos me ofreció, a mí y a todos los que alguna vez disfrutamos de él. Y no estuve en sus últimos momentos, ni siquiera estuve en sus últimos meses, y me odio por ello. Me dicen que es mejor así, que no lo vi en su peor estado, en su decadencia, pero no... hay que estar ahí siempre, para bien o para mal, hasta el último aliento, porque así quiero que sea también para mí... pero yo no cumplí esa parte del trato... Será tremendamente duro llegar y no notar su presencia, no escuchar como nada más abrir la puerta un rítmico paso de patitas se acercan a recibirte, no tener a nadie que siemplemente escucha lo que le cuentas, lo comprende y te mira, confirmando que en efecto, te escucha y comprende, no tener un amigo con el que simplemente disfrutar tranquilamente de una mágica tarde de verano... Echaré mucho de menos a ese cabrón, pero lo llevaré siempre conmigo, porque siempre fue y será el más grande de todos...
Este textito lo hago en su honor, por todo lo bueno que me brindó a mí y a los que hoy le seguimos queriendo. DEPC